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Los lenguajes del amor

Un saludo afectuoso para todos. Gracias por seguirnos en estos escritos sobre nuestra experiencia con los talleres de padres.

Vamos a desarrollar hoy el segundo cambio de enfoque: poner el esfuerzo en reforzar lo que se hace bien y no en la dificultad.

Ocurrió que la violencia se manifestó en los niños, y las palabras vulgares y los golpes se volvieron cotidianos. Dedujimos que había un comportamiento aprendido en sus hogares y que los niños traían al colegio lo que veían en casa, en el barrio, en los vecinos, en los adultos que admiran y siguen. Propusimos tratar en los talleres el tema de los castigos físicos y psicológicos, buscando el origen en condicionamientos aprendidos durante su propia infancia.

Fueron talleres profundos que nos conectaron con historias pasadas, en su mayoría de dolor y sufrimiento. La intención era atender a ese niño que fueron y que hoy podría ser su hijo, pensamos que así habría una modificación en su hacer educador. Concomitantemente en cada taller dábamos una o dos herramientas de disciplina positiva para ser probadas y ojalá implementadas.

El resultado no fue para nada el esperado y menos el deseado. Cosechamos ausentismo y un levantamiento general de defensas. La defensa se construyó bajo la certidumbre de que, al ser ellos buenas personas, el castigo recibido estuvo suficiente y apropiado.

Tocamos algo muy doloroso que no pudo ser digerido y al igual que cuando comemos algo que nos cae pesado, no lo volvemos a comer o lo vomitamos. Sencillo.

Lo que parece haberse movilizado con los talleres fue la culpa, sentimiento rector de tantos de nosotros. El psiquismo es una parte de nosotros que procura nuestro mayor bienestar de la única manera que conoce, así que, habiéndose sentido en peligro, reacciona. La culpa nos hace sentirnos malas personas, no merecedoras de nada mejor, nos incita a buscar castigos, autosabotajes y pérdidas (de salud, de dinero, de trabajo, de oportunidades, etc.).

Entonces pensamos que la estrategia debía cambiar, y movilizar no la culpa sino el sentirnos buenos.

Retomamos un taller que nos gusta mucho a los voluntarios, que plantea el amar a otro bajo su propio lenguaje del amor. Gary Chapman* es un terapeuta de pareja norteamericano que propone que hay 5 maneras en que nos sentimos amados los seres humanos. Aunque el amor es universal, los seres humanos damos y recibimos el amor de manera diferente. Así como existen lenguajes: japonés, español o inglés, así mismo existen 5 lenguajes del amor. Si una persona habla alemán y otro japonés, es posible que no se puedan comunicar, en el caso de los lenguajes del amor es similar. Si las personas con las que convivimos hablan un lenguaje del amor distinto, es posible que no nos sintamos amados, aunque lo hagan entrañablemente. El autor  sugiere que debemos conocer y aprender el lenguaje del amor de esas personas que deseamos se sientan amadas. Los lenguajes son 5: Palabras de afirmación, tiempo de calidad, regalos, actos de servicio y toque físico.

Las personas cuyo lenguaje del amor son palabras de afirmación, se sienten amados a través de palabras de valoración donde se resalten sus cualidades, valores, dedicación y esfuerzo. Las personas cuyo lenguaje es tiempo de calidad, se sienten amados cuando se les dedica en exclusiva toda la atención, se les mira a los ojos y se está completamente presente. Las personas que hablan el lenguaje de regalos, requieren que se exprese el amor a través de un objeto sin importar su valor. Un regalo comunica para ellos, que se tenían en la mente, que tomaron un tiempo y unos recursos para manifestarles su cariño. Las personas que hablan el lenguaje actos de servicio, se sienten amadas cuando son atendidas y cuando el otro hizo algo que le hace sentirse acompañado con las tareas o deberes, puede ser desde hacer un jugo, lavar la loza, reparar algo que esté dañado. Por último el lenguaje toque físico se refiere a esas personas que requieren ser tocadas, abrazadas, que les tomen de la mano, les besen, les den masajes, etc.

Los resultados de este taller nos sorprendieron, este taller convoca y baja defensas, se sienten seguros y confiados. Este taller no señala y por lo tanto no se señalan, este taller los invita a mirarse desde una perspectiva distinta, muy personal, en donde hay espacio para cada uno de manera especial. Es un taller que promueve la auto observación, y quizás a poner en palabras necesidades que antes no tenían una palabra constructiva sino un reclamo que nada tenía que ver con el ser provisto de lo que necesitábamos. Es un taller que nos permite una valoración neutra, –no hay mejores o peores lenguajes del amor– y nos regala la potencialidad de hablar el lenguaje del amor de nuestros seres queridos para que se sientan amados. Trae esperanza porque nos visibiliza y nos moviliza hacia nosotros y luego hacia el otro.

Esto es todo por hoy. Una feliz semana.

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